6 ene 2013
Cuentos de sala de espera antes de mis 25 #2: Crónicas de peluquería
Una visita en una peluquería en Caracas es algo digno de un estudio serio de investigación y análisis. Si algún estudiante en el área de sociología estuviese por alguna casualidad leyendo esto y aún no ha considerado sobre qué hacer su próximo trabajo de campo, sus problemas han terminado. No importa el tamaño, precio, locación, presencia o no del peluquero que canta y baila Thalía mientras seca el pelo, y demás variables, se mantendrá el patrón conductual de las clientas y podrán obtenerse resultados similares en las variables independientes.
Lo primero que llama la atención al ingresar a (inserte aquí su pelquería de preferencia en Caracas) es la escasa atención con la que uno es recibido por la recepcionista de turno. El videoclip que se observa en las diversas pantallas planas de Htv captan por completo la atención de la persona encargada de brindarnos la mejor y más amable atención, por haber escogido su peluquería frente a las 35 opciones en el mismo centro comercial.
Y es que cada centro comercial tiene más peluquerías que cualquier otro servicio. Podemos encontrar incluso centros comerciales sin farmacias, pero nunca sin peluquerías. Cuando vemos un local en remodelación con un letrero que anuncia una nueva peluquería pensamos que está destinada al fracaso por haber tantas otras, solo para darnos cuenta al mes siguiente de la excelente idea de negocio que resultó. Las prioridades de gasto en el país parecen estar claras, pero sobre ello creo que se ha escrito bastante.
Sin mucho esfuerzo y en poco tiempo uno es direccionado al área de lavado de pelo, sin tener la menor idea de cuándo y por quien será atendido. Es ahí donde uno mismo debe sacar un estimado de tiempo, y si nos sentimos aventurados (o aburridos), podemos hacer cálculos de probabilidad para determinar el porcentaje de chance de que nos toque el peluquero/a que nos gusta. Para ello debemos calcular el número de clientes que están siendo atendidos, restarle el número de manicuristas que voluntariamente deciden tomar su hora libre y abandonar su puesto de trabajo, dividirlo entre el número de niños corriendo alaeatoramente en la peluquería, y sumarle la cantidad de Blackberries que caen accidentalmente en el agua. El cálculo no falla.
Una vez atendido uno recupera las esperanzas en la humanidad, toma su revista y se dispone a relajarse. Es aquí cuando salen a relucir las conversaciones de las personas que tenemos a nuestro alrededor que, debido al ruido, deben hablar en un tono de voz tal que todos nos enteremos de lo que cada uno tiene que decir. Al principio cuesta descifrar entre conversaciones, es tarea de todo un veterano poder separar cada una y aislar el sonido de los secadores y Pitbull de fondo para escuchar algo más que un caos indefinido.
Existen temas recurrentes, que no importa la fecha, permanecerán con absoluta vigencia ayer hoy y siempre:
• Aló Ciudadano: Este es el tema favorito de las señoras en una peluquería. Comentan entre ellas el episodio anterior, como si de una novela se tratase, para demostrar que están al día con todo lo sucedido. El problema radica en que de alguna manera termina siendo igual de importante el nuevo proyecto de ley comentado la noche anterior como la terrible combinación de ropa y accesorios que escogió Sheina Chang. Lo mismo sucede con Buenas Noches pasando a tomar mayor relevancia el atuendo y la montura de lentes de Carla Angola que el contenido de la entrevista realizada a Manuel Caballero.
• Anécdotas familiares sorprendentemente personales: Es bien sabido que a la mujer venezolana le gusta atenderse con la misma manicurista, depiladora, peluquera. Un arte que aún desconozco cómo pueden lograr dada la cantidad de personas y lo dificil que resulta pedir cita en una peluquería. Aún así, entre la confianza y camaradería que solo se cultiva en años de relación entre una clienta y su peluquera, la intimidad de los cuentos sobrepasa todo límite racional. Se revelan secretos familiares, infidelidades, traiciones, enfermedades y tragedias. Las historias de todo lo sucedido en los viajes de verano tampoco puede faltar.
• Tráfico en Caracas: Si bien es innegable que este es un tema delicado en nuestra ciudad que verdaderamente afecta nuestra calidad de vida, a veces sorprende no solo la recurrencia sino la duración con la que una persona puede pasar quejándose del mismo. Escuchar por unos cinco minutos como el choque en la Francisco de Miranda retrasó una cita de trabajo importante es completamente natural, el problema está en que esto se torna magicamente en una competencia de quién ha estado en la mayor tranca, quién ha visto el choque múltiple más impresionante, y quién tuvo que permanecer más tiempo en el carro con el aire apagado para que no se recalentara. Este recordatorio del tráfico citadino dificilmente puede compaginarse con el aura de tranquilidad que uno busca al entrar a una peluquería.
• Operaciones estéticas: La peluquería resulta el escenario perfecto para hacer alusión a la belleza. Como toda conversación femenina, que comienza con aires de trivialidad y termina convirtiéndose en una férrea competencia, las operaciones estéticas no pueden faltar. Llama la atención de que en vez de querer esconder estas operaciones quirúrgicas e intentar aparentar naturalidad en los atributos físicos, aparentemente gana quien haya ingresado más veces al quirófano. Las recomendaciones de médicos e intercambio de tarjetas de contacto son idóneas para este momento.
Por último, en aras de completar nuestro informe, no podemos dejar de mencionar situaciones recurrentes que se mantienen en las peluquerías, tal y como he señalado anteriormente, sin importar de cuál se trate.
• Infante menor de 8 años en manicure y pedicure: Recientemente ha explotado el boom de peluquerías para niñas que deberían estar preocupándose por jugar con muñecas. Se han abierto incluso una serie de peluquerías especiales para niñas donde lo último que hacen es cortarles el pelo. La escarcha, la pintura de uñas morada y los peinados de trenzas más complejos alguna ves vistos por el hombre decoran las paredes del local en fotos. Las niñas se ven forzadas a preocuparse por su apariencia física y el crecimiento de cutícula antes de aprender a multiplicar. Podemos verlas acompañando a sus madres en la “peluquería de grandes” y siendo debidamente atendidas por una manicurista mientras su pelo es secado cuidadosamente. Suponemos que la criatura no llegará jamás a jugar con plastilina ni correrá para no arruinarse el secado.
• Fracaso en peinado adolescente: No importa qué día asistamos a la peluquería, siempre habrá alguien que esté ahí por una graduación, matrimonio u ocasión afín que requiera un peinado más formal. Es aquí donde observamos a una adolescente al borde del llanto mirandose melancólicamente al espejo mientras la peluquera, ignorando la existencia de cualquier problema, rocía sonriente litros de laca mientras observa complacida el acabado de su más reciente obra de arte.
• Señora que llega con regalos para todo el personal: No puede faltar la señora de edad comprendida entre 40 y 60 años, pelo usualmente amarillo-Barbie que es la mejor amiga de todo el personal. Al llegar de viaje trae regalitos y los reparte pública y ruidosamente entre todas, como si se tratase de dejar claro quién es ella en la peluquería. Por supuesto se sabe el nombre y apellido de todas y cada una de las peluqueras así como el de sus hijos para quienes también trae un regalo. A todos nos queda claro que ella es la favorita, misión cumplida.
Esta es la dinámica de las peluquerías en Caracas. Un mundo caótico que a pesar de sus excentricidades y locuras es capaz de hacernos olvidar un mal día. El lugar predilecto que nos espera con una revista y una tasa de té caliente de donde sabemos que saldremos sintiéndonos como queremos: bellas y felices.
Cuentos de sala de espera antes de mis 25 #1: Otra venezolana recién graduada y en cola
Durante cinco maravillosos años nuestra vida fue una montaña rusa de emociones, estudio, hojas de folio y RedBull. Fueron alrededor de cinco años en los que nos sentimos miserables, víctimas de una incomprendida miseria humana llamada resposabilidad de estudio y al mismo tiempo dueños y señores del universo (esto último probablemente con examen bien calificado en mano antes de salir a unas cortas vacaciones en la playa)
Cinco años que pasan en un abrir y cerrar de ojos, y sin que nos lo pregunten, sin que podamos digerirlo, sin tener chance si quiera de acostumbrarnos al paseo en la susodicha montaña rusa, nos encontramos confundidos viendo al infinito con carpeta manila en mano haciendo cola para registrar nuestro acto de grado.
Graduarse en Venezuela es asunto serio. Si Ud pasó Física 4, Termodinámica o Contratación a la primera y con buenas notas, no se confíe. Falta que pase por la burocracia venezolana, código de asignatura IYCAP (Impredecible Y Complicada A Propósito), un verdadero y último reto al intelecto y carisma que solo el día que terminamos clases aseguramos haber tenido desde siempre. Si tuvo Ud el chance de estudiar en una universidad que de hecho sí guarda los papeles que llevó al momento de inscribirse considérese afortunado y haga una pequeña oración de agradecimiento al culminar el párrafo. De lo contrario, sabrá entonces que debe regresar a su alma mater y , con su mejor sonrisa, se acuerden o no de Ud, solicitar nuevamente toda su documentación. Se recomienda otra oración en este caso para que la misma no se haya extraviado.
Fotocopias fondo negro, notas, sellos, firmas, sellos sobre el sello aterior y la firma. Son trámites que sin mayor dificultad compiten con Cadivi, Sitme y hasta obtención de segunda nacionalidad y cambio de apellido juntos. Nos encantan los papeles, los timbres fiscales, todo en sus repectivas carpetas, ordenado, engrapado y numerado, gracias.
Debe poseer su constancia de registro militar. Independientemente de la polémica escuchada en los medios respecto si era o no obligatorio, al Ministerio de Educación poco le interesa en qué quedó la ley o Ledezma. Si desea Ud. ser Licenciado de la República, debe estar debidamente inscrito en alguna de las reservas de la Nación, esperar que no lo llamen a entregarle su casco y fusil antes de conseguir su primer empleo, y no protestar al respecto.
El primer trabajo, todo un tema para nosotros los recién graduados venezolanos. Nuestro primer contacto con el mundo laboral para la mayoría tuvo que ver con uno de los tantos requisitos de grado: la pasantía. Esa primera relación de subordinación laboral, usualmente no remunerada, que recordaremos por siempre. Comenzamos la primera semana con aires de grandeza de un adulto contemporáneo que se prepara para comerse al mundo. El cheque (si lo hubo) de quince y último nos hacían cuestionarnos si en vez de comernos el mundo nos alcanzaría para comernos alguna otra cosa. Si Ud tuvo la suerte de tener una pasantía no remunerada como la mía, tenemos el reconfortante pensamiento de que no tuvimos que sacar cuentas para ver para qué nos alcanzaba el sueldo. Qué viva el altruismo!
Eventualmente la pasantía se acaba y a pesar de recibir elogios miles por parte de nuestro equipo de trabajo, el presupuesto es limitado y no existen vacantes disponibles. No nos parece el fin del mundo. Agradecidos tomamos nuestras cosas y regresamos a casa con la intención de dar el próximo paso obligatorio: conseguir un buen post grado.
Es en este momento cuando nos acordamos que a pesar de haber sacado la carrera en el tiempo estipulado, mágicamente ya tenemos a la mitad de nuestros amigos en el exterior haciendo su post grado. Parece ser una carrera contra el tiempo, el que saque 3 post grados, se case y tenga al menos dos hijos antes de los 26, gana. Si con todo esto no lograste ser CEO de una compañía, no cuenta, igual pierdes.
Intentamos no sentirnos abrumados por la evidente competencia a nuestro alrededor. Con un buen café en mano nos sentamos una tarde libre a revisar qué depara el destino y Google para nosotros. Una lista descomunal de post grados salen a la vista y una lista aún más grande de requisitos de admisión nos hace considerar si eran verdaderamente tan complicados los trámites de graduación.
TOEFL, GMAT, LSAT, GRE, GS%T5*27!! Comienza uno a sudar y a anotar las cosas en un pedazo de papel. Es en este momento donde no le parece tan buena idea haber estudiado en un colegio bilingüe y tener sueños y aspiraciones tan altas. Momento de servirnos otro café más cargado que el anterior y disponernos a perder las siguientes dos semanas de nuestras vidas en una constante búsqueda por internet, solo para sentirnos cada día más confundido que el anterior.
Algunas personas están más claras respecto a lo que quieren. Nunca falta el cuento de alguien en la familia que antes de aprender a caminar dijo que quería ser doctor, tiene hoy en día 25 años y ya es neurocirujano con master en Standford y presidente de una fundación, producto de sus memorables días de rural con los pemones en Amazonas. Otros no tenemos la suerte de tenerlo todo tan claro y de esta manera tenemos la exquisita capacidad de sentirnos igualmente interesados por un master en Derechos Humanos, Comunicación Política o Contratación Internacional. ¿La relación entre ellos? Poco importa, solo sabemos que podríamos vernos en esas 3, y para ser perfectamente honestos en otras 15 áreas más.
¿Fracaso? Una inexorable pregunta que eventualmente hará su debut en esos 25 días de búsqueda en Google. Uno tan contento en su silla de pasante ganando 0Bf mensuales, sin tener que hacerse estas preguntas tan trascendentales. A todas estas uno se mantiene firme en la batalla, y sin temblarnos el pulso vamos tachando todas las universidades que no ofrecen programa de beca o no centra su ayuda financiera en estudiantes internacionales. Esto en el fondo nos sirve, terminamos eliminando unas cuantas, y a eso del quinto café decidimos que mañana será otro día.
¿Qué hacemos con esta carrera contra el tiempo de hoy en día? ¿En dónde quedó el tiempo de introspección y de dedicarnos a otras cosas que nos gustan? ¿No es acaso precisamente en este tiempo de recien graduados donde podemos darnos el lujo de conseguirlo sin presiones? Pues sorprendentemente, nuestros amigos/conocidos contemporáneos que están en la carrera de la vida también consiguen tiempo para sus hobbies sin dejar a un lado sus responsabilidades. Aquí nos viene a la mente la amiga en la universidad que trabaja 62 horas semanales en la Procter (Olvídense de la Ley Orgánica del Trabajo) y acaba de ganar un concurso a nivel nacional de poesía de donde le publicarán su trabajo y es instructora de yoga para niños los sábados. Muerte rotunda al pretexto de buscar tiempo para otras cosas. ¿Quién dijo que el día tenía 24 horas para todo el mundo? Si ella tiene tiempo para todo eso y además está comprometida ¿qué me da derecho a mi de perder mi tiempo?
En la aparente carrera contra el tiempo de mi generación, está la del anillo en mano a la brevedad. No obstante los avances culturales, los incontables logros históricos del movimiento feminista y las nuevas concepciones de globalización que amplían las posibilidades de cualquier mujer de mi edad en cualquier rincón del mundo, aquí queremos casarnos a la brevedad posible, con el novio de toda la vida o de hace seis meses, poco importa, pero casarnos, por favor. (Mantengo la narrativa en plural sólo por fines de armonía literaria, no me incluyo)
Venezolano en la dulce década de los 20 que no esté en una relación seria considerando planes de compromiso no está en nada. Quizás es mejor perseverar en esa búsqueda de post grado por internet, a ver si nos conseguimos un francés que no tenga la misma corredera que hay acá y nos deje tener una relación calmada, sin tener que pensar aún en el nombre del perrito de la casa que juntos vamos a comprar o si preferiremos piso de parquet o mármol.
Y así es la vida del recién graduado venezolano. Una probable/riesgosa pertenencia a la población flotante, un tiempo de introspección, un verse inmerso en un dinámica impuesta que puede o no gustarnos pero que al final del día nos rodea y se hace parte de nosotros. Estas sin duda no fueron las inquietudes de los recién graduados de hace algunas décadas, pero admitamos que aunque no la tenemos tan facil, no cambiaríamos esta caótica etapa por nada. Lo mejor está por venir.
29 dic 2012
Comenzó lleno de expectativas distintas, por la terca decisión de la renuncia al derecho a sentir. La ingenua solución de dar inicio a un año poniéndole sin el menor cuidado una curita de caritas felices a una herida abierta, solo a cuenta de que es primero de enero. El conformismo, la negación de lo que se es.
Transcurrió en medio de una degustación de realidad envuelta en una rutina que jamás fue imaginada tan carente en sí misma. Atardeceres tristes y de añoranza que solo se plasmaban estáticos y muertos en el lente de una cámara.
Pocos libros se abrieron sin interés, se intentó escribir para olvidar y lo que se terminó olvidando fue cómo escribir.
Una suerte de dopamina se mostró como solución reduccionista pero necesaria como el aire, que tras las primeras pruebas terminó únicamente por incorporarse a la dosis de rutina, como un simple agregado de ese trabajar día a día lo mejor que se pueda con lo que se tiene. La filosofía de que lo palpable debe prevalecer sobre lo incorpóreo, lo posible sobre lo imposible, lo visible frente a los fantasmas.
Se cometió el clásico error de confundir la delgada línea que separa bajar a la tierra y acostarse a dormir indefinidamente sobre ella.
Y así se durmió buena parte del año, se durmió en las colas, se durmió en los besos, se durmió en la quincena que se pagó con puntualidad.
Eventualmente nos atrevimos a dar el paso a despertar, y a asumir el punzante dolor de un cuerpo que se queja de haber pasado demasiado tiempo en reposo. Se retoman los sueños, nos consideramos nuevamente merecedores de los que quizás otros consideran demasiado ambicioso. Poco a poco nos vamos elevando sin miedo.
Pero la vida es irónica, y como experto laberinto sabe cómo darle la vuelta a las circunstancias y volvernos a marear entre sus muros. Paradójicamente nos sentimos nuevamente de alguna manera en el mismo punto de partida y es aquí cuando debemos enfrentarnos a la difícil decisión que se repite nuevamente un año después.
23 dic 2012
6 dic 2012
Despertar
Despertar de un letargo voluntaria y estúpidamente inducido. Abrir el blog empolvado y sentirme perdida en el espacio pues el formato del servidor cambió. Percatarme de que va casi medio año sin escribir, mi pasión.
Hacer las paces con el hecho de no ser de esas personas increíblemente talentosas. Entender que no tiene nada de malo no compartir pasiones desbordadas por temas en particular ni leer asiduamente a los mismos autores. Saber conocerme, saber que no colecciono nada, no toco ningún instrumento ni me destaco en ningún deporte, solo escribo, humildemente escribo. Acordarme de que siempre he escrito, que es lo que me gusta, lo que de alguna forma me mueve algo por dentro.
Abrir los ojos nuevamente después de una oscuridad disfrazada de día. Salir de la madriguera al mundo con la lección aprendida de que ni del amor ni el dolor debemos escapar, porque son ellos los que nos hacen sentir genuina y espectacularmente vivos. Afrontar que la vida es difícil pero que vale la pena luchar por lo que se quiere. Retomar mi eterna cruzada del postgrado afuera, ir al yoga, fotografiar un atardecer sin renunciar al sentimiento latente detrás del lente de la cámara.
Aceptar que las obligaciones y la rutina se apoderan de nuestras vidas, sí, pero que debemos rodearnos de personas que hagan del tráfico infernal de las mañanas un simple escenario de fondo de una vida divina y bien vivida. Tener la valentía de arriesgar sabiendo que puedes perder y no quedarte en el espejismo de lo que aparenta comodidad. No tener miedo a enamorarse completo, saber que unas se ganan y otras se pierden, que cuando se pierde duele pero cuando se gana, se gana para siempre.
Acostumbrarme a mis nuevas obligaciones, perder el miedo a crecer. Nunca más planificar mi futuro como si de una agenda de trabajo se tratase. Abrazar la incertidumbre y tener un poco más de fe en ella. Saberme capaz y confiar más en mi. No forzar lo que nunca fue, aprender el equilibrio entre no condicionarme por los paradigmas y saber cuándo hay que bajar la cabeza y aceptar las cosas como son.
Nuevamente, perder el miedo. Aprender a reconocerme vulnerable, darle al orgullo su justo puesto en la escala de prioridades. Perdonar. Aceptar que todos venimos con equipaje pero que es aún mejor si logramos abrir el cierre de maleta y dejar objetos pesados e inútiles en el camino. Sonreír y no mirar atrás.
Despertar. A veces por el cansancio o la tristeza dormimos más de lo que necesitamos, se nos pegan las sábanas, pero afortunadamente siempre nos espera el próximo día para darnos la oportunidad nuevamente de vivir despiertos.
3 abr 2012
A sunset
A sunset, a farewell.
A gift before departure.
A gilmpse of beauty, a sight of love.
A reminder that things can be perfect, but only for so much time.
A promise of return worth the waiting.
A gift before departure.
A gilmpse of beauty, a sight of love.
A reminder that things can be perfect, but only for so much time.
A promise of return worth the waiting.
24 mar 2012
Búscame
Búscame, ¿lo estás intentando?
No se si esperarte sentada o salir a buscar una cara sin rostro
Búscame, aquí estoy
Llega inesperado, llega con la seguridad del que se dirige a reclamar su pertenencia
No me preguntes, infórmame
Reserva la dulzura para los segundos más íntimos
Deséame
Enséñame cosas que no conozco
Pregúntame sobre lo que no sabes
Disfruta mi cuerpo, contempla mi mente
No me halagues más de lo necesario
Roza mis costados
Búscame
Dime que no fue facil encontrarme, pero encuéntrame
Trátame como si me hubieses conocido desde siempre
Corresponde tus palabras con tus acciones
Llévame hacia ti con fuerza
Búscame,ten la certeza que al encontrarme me quedaré a tu lado.
No se si esperarte sentada o salir a buscar una cara sin rostro
Búscame, aquí estoy
Llega inesperado, llega con la seguridad del que se dirige a reclamar su pertenencia
No me preguntes, infórmame
Reserva la dulzura para los segundos más íntimos
Deséame
Enséñame cosas que no conozco
Pregúntame sobre lo que no sabes
Disfruta mi cuerpo, contempla mi mente
No me halagues más de lo necesario
Roza mis costados
Búscame
Dime que no fue facil encontrarme, pero encuéntrame
Trátame como si me hubieses conocido desde siempre
Corresponde tus palabras con tus acciones
Llévame hacia ti con fuerza
Búscame,ten la certeza que al encontrarme me quedaré a tu lado.
22 mar 2012
Te explico,
- Así como cuando tu trabajo pone en hold indefinido tus sueños pero hace más orgullosos que nunca a tu familia.
- Así como cuando te propones mil y un veces una lista de cosas necesarias que olvidas al llegar a tu cama.
-Así como cuando no sabes si quieres el pelo largo o corto, amarillo o negro, da igual.
- Así como cuando pasas casi un año sin escribir y de pronto es lo único que quieres hacer.
- Así como cuando te acuerdas lo absurdo que resulta que enamores a unos cuando escribes y auyentes a otros tantos por no tener miedo a ser auténtica
- Así como cuando a veces piensas que hubiera sido más facil haber estudiado educación pre-escolar, trabajar medio tiempo con niños y tener chance de llegar al gimnasio y la peluquería
-Así como crees que perdiste oportunidades que no llegarán más nunca cuando apenas comienzas tu vida.
Bueno, así
- Así como cuando te propones mil y un veces una lista de cosas necesarias que olvidas al llegar a tu cama.
-Así como cuando no sabes si quieres el pelo largo o corto, amarillo o negro, da igual.
- Así como cuando pasas casi un año sin escribir y de pronto es lo único que quieres hacer.
- Así como cuando te acuerdas lo absurdo que resulta que enamores a unos cuando escribes y auyentes a otros tantos por no tener miedo a ser auténtica
- Así como cuando a veces piensas que hubiera sido más facil haber estudiado educación pre-escolar, trabajar medio tiempo con niños y tener chance de llegar al gimnasio y la peluquería
-Así como crees que perdiste oportunidades que no llegarán más nunca cuando apenas comienzas tu vida.
Bueno, así
Down the aisle
Fue en medio de aquél acto solemne cuando se hundieron todas sus esperanzas. Su voluntad y consentimiento habían sido empujados sin darse cuenta. Se hizo la pregunta antes ignorada que adquiría significado y dependía de su suerte. Su agonía tomaba la forma de una mujer de blanco que avanzaba al altar, elevándose entre espectadores. Se vio cargando su futuro como un yunque en la espalda mientras todos estaban a la espera de un sí.
Veía la sonrisa y el pensamiento de su indeseado público presionar sus movmientos y hacer de su vida una fábula de niños. El vibrar de las campanas se sintió en la Iglesia, su pecho arqueaba buscando aire y acercaba su cabeza y su alma al piso. Ella lo miraba, su consciencia lo escuchaba y sólo dos personas sentadas en el banco de la izquierda sabían lo que pasaba por su mente.
Veía la sonrisa y el pensamiento de su indeseado público presionar sus movmientos y hacer de su vida una fábula de niños. El vibrar de las campanas se sintió en la Iglesia, su pecho arqueaba buscando aire y acercaba su cabeza y su alma al piso. Ella lo miraba, su consciencia lo escuchaba y sólo dos personas sentadas en el banco de la izquierda sabían lo que pasaba por su mente.
21 mar 2012
Día de visitas
Me desperté con el cielo nublado. Era una de esas mañanas en las que la neblina parece meterse sin permiso dentro de las sabanas, buscando calor en nuestros huesos. Mis ojos no podían volver a cerrarse como lo hubieran hecho años atrás, ya no tenía edad para decidir cuándo y cómo deseaba dormir.
Esperé prácticamente inmóvil a que vinieran a darme los buenos días. Eran estos los minutos que aprovechaba para conversar conmigo misma, aunque cada vez se me iban acabando los temas, se me confundían las historias y borrando las memorias, o al menos eso parecía. No sabía si era mi día de visitas; a decir verdad me costaba recordar la frecuencia de mis encuentros con esa familia tan amable y educada que venía a leerme y enseñarme fotos con una exquisita torta de frutas ¿Será que estamos en Navidad? Como quiera que sea, se ha convertido en mi merienda de las tardes y acompañada con café negro es un manjar de Dioses. Espero que traigan otra cuando regresen. La comida de aquí no es buena, solo disfruto los jugos, pero parecen racionarlos como si esto se tratase de un campo de refugiados.
Clementina debe estar a punto de entrar en silencio y abrir la cortina para enseñarme el clima que ya he vaticinado sin mayor complicación. No se sorprenderá de verme despierta, ya se acostumbró que pese a los reiterados consejos sobre la importancia del sueño y el tilo en las noches, siempre, o al menos por los días que me queden, la recibiré con ojos abiertos y trataré de convencerla que pasé una buena noche.
Como les comentaba, los desayunos suelen ser poco apetitosos. Gracias a Dios, Clementina me consiente y toma sin permiso una ración extra de frutas la cual lleva a mi cuarto valiente y decidida, pero con mucha precaución. Creo que tener tantos años acá me ha hecho acreedora de esos pequeños lujos que resultarían impensables para los recién llegados. Solo como la fruta y dejo lo demás, con el tiempo aprendimos a no discutir más al respecto y optamos por conversar amenamente en las mañanas.
Verán, me tomo todo este tiempo en narrar la forma de comenzar el día porque es la única que mi mente parece recordar con facilidad. El resto de las horas parecieran ser secuestradas por la memoria de alguien más, huyendo de las mías con temor. Me temo que es únicamente en estos ratos a solas, con la lucidez del amanecer, que puedo ir uniendo piezas de un rompecabezas que se muestra imposible de armar.
Así como recuerdo a detalle los desayunos y puedo enumerarles los nombres y dosis de las pastillas que tomo en cada comida, no puedo contarles con mucha precisión el motivo de mi estadía en este lugar. Mis recuerdos de infancia vienen claros, me veo sentada en el regazo de mamá y puedo oler la mezcla de tabaco y cuero del maletín de trabajo de papá. El resto, se me pierde. Creo haberme enamorado, y digo creo porque aunque no puedo visualizar su cara tengo la intuición de haber amado. Son cosas que no pueden explicarse con mucha lógica, pero deben saber que la edad no solo regala sabiduría como suelen decir, sino también desarrolla en uno un instinto que se convierte en nuestros ojos cuando la vista nos falla, y en nuestra memoria cuando vamos perdiendo la consciencia.
Sé que tengo mucho tiempo aquí, he visto entrar y partir a unos cuantos, y aunque no recuerdo sus nombres no olvido la forma en la que me han hecho sentir. Se siente agradable conocer otros seres humanos a esta edad; nunca pensé hablar de reuniones nocturnas y juegos de canasta a los ochenta. Aunque nadie como Clementina. Tiene edad de ser mi nieta y supongo que me he permitido el lujo de quererla como a una, en vista de esta soledad. A ella no pareciera importarle, veo en sus ojos la complicidad de un acuerdo tácito de cariño y calor familiar entre una anciana recluida y una venteañera en la flor de su vida.
Por fin entra Clementina, me abre la cortina y tras darme los buenos días me comenta de la lluvia y el tráfico que enfrentó para llegar. -“Ni la lluvia logra que se le peguen las sábanas” comenta sonriente.
Si supiera cuánto disfruto su compañía en el desayuno. Hoy me comenta de sus exámenes universitarios y de un muchacho que parece ser una conquista por la forma de hablarme de él; me avergüenza preguntarle si es que ya lo ha mencionado antes y procuro asentir sonriente como quien sigue sin obstáculos el hilo de una conversación. Terminamos el desayuno y mi compañía debe marcharse. Se despide pues debe alistarse, ya que más tarde se reunirá con el resto de su familia a comer juntos torta de fruta.
Esperé prácticamente inmóvil a que vinieran a darme los buenos días. Eran estos los minutos que aprovechaba para conversar conmigo misma, aunque cada vez se me iban acabando los temas, se me confundían las historias y borrando las memorias, o al menos eso parecía. No sabía si era mi día de visitas; a decir verdad me costaba recordar la frecuencia de mis encuentros con esa familia tan amable y educada que venía a leerme y enseñarme fotos con una exquisita torta de frutas ¿Será que estamos en Navidad? Como quiera que sea, se ha convertido en mi merienda de las tardes y acompañada con café negro es un manjar de Dioses. Espero que traigan otra cuando regresen. La comida de aquí no es buena, solo disfruto los jugos, pero parecen racionarlos como si esto se tratase de un campo de refugiados.
Clementina debe estar a punto de entrar en silencio y abrir la cortina para enseñarme el clima que ya he vaticinado sin mayor complicación. No se sorprenderá de verme despierta, ya se acostumbró que pese a los reiterados consejos sobre la importancia del sueño y el tilo en las noches, siempre, o al menos por los días que me queden, la recibiré con ojos abiertos y trataré de convencerla que pasé una buena noche.
Como les comentaba, los desayunos suelen ser poco apetitosos. Gracias a Dios, Clementina me consiente y toma sin permiso una ración extra de frutas la cual lleva a mi cuarto valiente y decidida, pero con mucha precaución. Creo que tener tantos años acá me ha hecho acreedora de esos pequeños lujos que resultarían impensables para los recién llegados. Solo como la fruta y dejo lo demás, con el tiempo aprendimos a no discutir más al respecto y optamos por conversar amenamente en las mañanas.
Verán, me tomo todo este tiempo en narrar la forma de comenzar el día porque es la única que mi mente parece recordar con facilidad. El resto de las horas parecieran ser secuestradas por la memoria de alguien más, huyendo de las mías con temor. Me temo que es únicamente en estos ratos a solas, con la lucidez del amanecer, que puedo ir uniendo piezas de un rompecabezas que se muestra imposible de armar.
Así como recuerdo a detalle los desayunos y puedo enumerarles los nombres y dosis de las pastillas que tomo en cada comida, no puedo contarles con mucha precisión el motivo de mi estadía en este lugar. Mis recuerdos de infancia vienen claros, me veo sentada en el regazo de mamá y puedo oler la mezcla de tabaco y cuero del maletín de trabajo de papá. El resto, se me pierde. Creo haberme enamorado, y digo creo porque aunque no puedo visualizar su cara tengo la intuición de haber amado. Son cosas que no pueden explicarse con mucha lógica, pero deben saber que la edad no solo regala sabiduría como suelen decir, sino también desarrolla en uno un instinto que se convierte en nuestros ojos cuando la vista nos falla, y en nuestra memoria cuando vamos perdiendo la consciencia.
Sé que tengo mucho tiempo aquí, he visto entrar y partir a unos cuantos, y aunque no recuerdo sus nombres no olvido la forma en la que me han hecho sentir. Se siente agradable conocer otros seres humanos a esta edad; nunca pensé hablar de reuniones nocturnas y juegos de canasta a los ochenta. Aunque nadie como Clementina. Tiene edad de ser mi nieta y supongo que me he permitido el lujo de quererla como a una, en vista de esta soledad. A ella no pareciera importarle, veo en sus ojos la complicidad de un acuerdo tácito de cariño y calor familiar entre una anciana recluida y una venteañera en la flor de su vida.
Por fin entra Clementina, me abre la cortina y tras darme los buenos días me comenta de la lluvia y el tráfico que enfrentó para llegar. -“Ni la lluvia logra que se le peguen las sábanas” comenta sonriente.
Si supiera cuánto disfruto su compañía en el desayuno. Hoy me comenta de sus exámenes universitarios y de un muchacho que parece ser una conquista por la forma de hablarme de él; me avergüenza preguntarle si es que ya lo ha mencionado antes y procuro asentir sonriente como quien sigue sin obstáculos el hilo de una conversación. Terminamos el desayuno y mi compañía debe marcharse. Se despide pues debe alistarse, ya que más tarde se reunirá con el resto de su familia a comer juntos torta de fruta.
Cuentos de ascensor
Carlos y Alba son empleados del Banco Mercantil con algunos años de servicio. Trabajan en la torre central y jamás se han conocido. Comen a diario a distintas horas y su interacción con el resto de su familia corporativa no los ha llevado si quiera a cruzarse en el camino.
El día de hoy sábado, ambos, por distintas razones habían tomado la decisión de venir a terminar trabajo pendiente. Era casi de noche y casi todo el personal que laboraba ese día ya se había retirado. Se encuentran en la entrada y abordan juntos el ascensor. Alba distraída con su libro no sube la mirada para saludar, Carlos observa el reloj impaciente y no hace el menor caso a su alrededor. Ambos se limitan a cumplir con el mínimo de cordialidad exigida.
-Piso 7 por favor, buenas tardes.
-Con gusto.
Con estas palabras intercambiadas, esas que se dicen sin cuidado un martes en la mañana y se olvidan a los segundos por falta de trascendencia, se cierra la puerta y comienza un trayecto que hará que sus vidas cambien para siempre.A los pocos segundos una vibración fuerte los sacude, se va la luz en el ascensor y se detiene por completo.
Alba sufre de claustrofobia desde que tiene memoria. Su problema no consiste en la incapacidad de permanecer unos segundos en espacios cerrados sino en la imposibilidad física de permanecer en un lugar sin salida, que limite su capacidad de movimiento y desafíe su voluntad de escape. Pocos segundos bastaron para que perdiera el control, gritos, rezos y movimientos desesperados se apoderaron de toda capacidad de raciocinio y autocontrol. Sacó su bombona para el asma y comenzó a pedir ayuda.
- Por favor cálmese, no pasa nada. ¿No puede respirar?
Continúa la agitación
-Le prometo que la voy a sacar pero necesito que se calme. Yo he logrado abrir ascensores. Necesito luz pero mi celular no tiene pila, ¿me permite el suyo?.
Desesperada y sin ver absolutamente nada, Alba comienza a registrar su cartera. La oscuridad es tal que no sabe si quiera si tiene los ojos abiertos o cerrados pues no ve diferencia entre ambas opciones. Comienza a llorar diciendo que no lo encuentra.
Carlos, a quien nunca le ha encantado la debilidad de una mujer y suele desesperarse con sus característicos ataques de malcriadez, sintió el sufrimiento de Alba llegarle al alma acompañado de una profunda necesidad de protegerla.
-¿Me permite ayudarla?
-Sí sí por favor ven y ayúdame, sin pena, aquí está la cartera
Carlos no podía explicar lo que sintió en el momento en que le hablaron sin esa formalidad de desconocido, de tú a tú. Tímidamente intentó acercarse sin tropezarse con ella, sabía lo comprometedor que resultaba la situación: una mujer atrapada a oscuras en un ascensor con un desconocido. Ese voto de confianza que le habían otorgado no podía ser aniquilado con un mal movimiento. Decidió hablarle mientras se acercaba.
-La verdad es que no se ve nada, ¿no debería haber alguna luz de emergencia?
-Eso pensé yo también, ¡pero es que es lógico! ¡no hacen mantenimiento nunca!. El presupuesto se va en lo menos urgente y ahora seguro estamos montados en un aparato que está a punto de caerse y yo no consigo el maldito celular.
-Ustedes las mujeres sí que llevan cosas en la cartera.
Este comentario pareció ser una dosis de calmante. A partir de este momento Alba comenzó a respirar con mayor facilidad y a querer seguir hablando con el desconocido del ascensor que parecía darle el aire que antes le faltaba. El celular nunca apareció, lo había dejado en el carro antes de bajarse. Ante la imposibilidad de Carlos de maniobrar sin luz, decidieron tocar la alarma y esperar tener la suerte que quedara alguien en el edificio que pudiera sacarlos. Mientras esperaban cada uno se sentó recostado de la pared y comenzó una conversación que recordaría cada uno años después.
No se hicieron preguntas sobre su trabajo en el Banco, nunca fue necesario. La conversación comenzó con un intento de Carlos por distraer a Alba y de ahí sin mayores complicaciones pasaron a una amplia gama de temas, desde novelistas favoritos pasando por historia, cine y arte. Gustos culinarios, temores y sueños. Así transcurrió la noche, no durmieron, Alba recostó su cabeza en el hombro de quien había logrado que su mayor miedo se convirtiera en una historia maravillosa. No recordaba la última vez que había reído tanto.
A primera hora de la mañana los trabajadores tempraneros se percataron del encierro y acudieron en su ayuda. Tras un fuerte forcejeo comenzaban a dar con la solución y pronto serían rescatados. La expectativa de verse les agitó el corazón. Al abrir la puerta entró una primera rendija de luz que les incomodó a los ojos. Al lograr abrirlos se contemplaron perplejos por unos segundos, bajaron la mirada a sus respectivas identificaciones “Mantenimiento piso 4”, “Vicepresidencia Ejecutiva”. Cada uno salió del ascensor en silencio a su puesto de trabajo. Nunca coincidieron en el almuerzo.
El día de hoy sábado, ambos, por distintas razones habían tomado la decisión de venir a terminar trabajo pendiente. Era casi de noche y casi todo el personal que laboraba ese día ya se había retirado. Se encuentran en la entrada y abordan juntos el ascensor. Alba distraída con su libro no sube la mirada para saludar, Carlos observa el reloj impaciente y no hace el menor caso a su alrededor. Ambos se limitan a cumplir con el mínimo de cordialidad exigida.
-Piso 7 por favor, buenas tardes.
-Con gusto.
Con estas palabras intercambiadas, esas que se dicen sin cuidado un martes en la mañana y se olvidan a los segundos por falta de trascendencia, se cierra la puerta y comienza un trayecto que hará que sus vidas cambien para siempre.A los pocos segundos una vibración fuerte los sacude, se va la luz en el ascensor y se detiene por completo.
Alba sufre de claustrofobia desde que tiene memoria. Su problema no consiste en la incapacidad de permanecer unos segundos en espacios cerrados sino en la imposibilidad física de permanecer en un lugar sin salida, que limite su capacidad de movimiento y desafíe su voluntad de escape. Pocos segundos bastaron para que perdiera el control, gritos, rezos y movimientos desesperados se apoderaron de toda capacidad de raciocinio y autocontrol. Sacó su bombona para el asma y comenzó a pedir ayuda.
- Por favor cálmese, no pasa nada. ¿No puede respirar?
Continúa la agitación
-Le prometo que la voy a sacar pero necesito que se calme. Yo he logrado abrir ascensores. Necesito luz pero mi celular no tiene pila, ¿me permite el suyo?.
Desesperada y sin ver absolutamente nada, Alba comienza a registrar su cartera. La oscuridad es tal que no sabe si quiera si tiene los ojos abiertos o cerrados pues no ve diferencia entre ambas opciones. Comienza a llorar diciendo que no lo encuentra.
Carlos, a quien nunca le ha encantado la debilidad de una mujer y suele desesperarse con sus característicos ataques de malcriadez, sintió el sufrimiento de Alba llegarle al alma acompañado de una profunda necesidad de protegerla.
-¿Me permite ayudarla?
-Sí sí por favor ven y ayúdame, sin pena, aquí está la cartera
Carlos no podía explicar lo que sintió en el momento en que le hablaron sin esa formalidad de desconocido, de tú a tú. Tímidamente intentó acercarse sin tropezarse con ella, sabía lo comprometedor que resultaba la situación: una mujer atrapada a oscuras en un ascensor con un desconocido. Ese voto de confianza que le habían otorgado no podía ser aniquilado con un mal movimiento. Decidió hablarle mientras se acercaba.
-La verdad es que no se ve nada, ¿no debería haber alguna luz de emergencia?
-Eso pensé yo también, ¡pero es que es lógico! ¡no hacen mantenimiento nunca!. El presupuesto se va en lo menos urgente y ahora seguro estamos montados en un aparato que está a punto de caerse y yo no consigo el maldito celular.
-Ustedes las mujeres sí que llevan cosas en la cartera.
Este comentario pareció ser una dosis de calmante. A partir de este momento Alba comenzó a respirar con mayor facilidad y a querer seguir hablando con el desconocido del ascensor que parecía darle el aire que antes le faltaba. El celular nunca apareció, lo había dejado en el carro antes de bajarse. Ante la imposibilidad de Carlos de maniobrar sin luz, decidieron tocar la alarma y esperar tener la suerte que quedara alguien en el edificio que pudiera sacarlos. Mientras esperaban cada uno se sentó recostado de la pared y comenzó una conversación que recordaría cada uno años después.
No se hicieron preguntas sobre su trabajo en el Banco, nunca fue necesario. La conversación comenzó con un intento de Carlos por distraer a Alba y de ahí sin mayores complicaciones pasaron a una amplia gama de temas, desde novelistas favoritos pasando por historia, cine y arte. Gustos culinarios, temores y sueños. Así transcurrió la noche, no durmieron, Alba recostó su cabeza en el hombro de quien había logrado que su mayor miedo se convirtiera en una historia maravillosa. No recordaba la última vez que había reído tanto.
A primera hora de la mañana los trabajadores tempraneros se percataron del encierro y acudieron en su ayuda. Tras un fuerte forcejeo comenzaban a dar con la solución y pronto serían rescatados. La expectativa de verse les agitó el corazón. Al abrir la puerta entró una primera rendija de luz que les incomodó a los ojos. Al lograr abrirlos se contemplaron perplejos por unos segundos, bajaron la mirada a sus respectivas identificaciones “Mantenimiento piso 4”, “Vicepresidencia Ejecutiva”. Cada uno salió del ascensor en silencio a su puesto de trabajo. Nunca coincidieron en el almuerzo.
El extranjero
El extranjero nos sonrió, bajó la mirada y dando vuelta se despidió del reflejo en el que ambos solíamos contemplarlo. No lo invitamos a pasar, preferimos mantenerlo a la distancia bajo la promesa de un encuentro incierto.
El extranjero se aburrió del abismo que nos separaba, se cansó de esperar por nosotros, se marchó triste pues había creido encontrar lo que buscaba.
Ante tus ojos y los míos, cada uno en sus coordenadas pero en un mismo espejo, se nos desvaneció el elemento que nos hizo ser uno. Me cuesta no encontrarlo y saber que al voltear Tú tampoco estarás más.
20 mar 2012
La última vez
-La última vez que la vi era solo una niña, diosa y humana al mismo tiempo, nublando la vista de sus valientes espectadores . Hoy la encuentro hecha mujer, perdida como hada entre tierra de dragones. Hoy maldigo al monstruo que la encerró para siempre.
-La última vez que la vi era solo una niña, sus pequeñas manos se perdían en las mías. Mi barba le hacía cosquillas, y disfrutaba verla reir. Hoy, mi niña, pasó de prisa a mi lado sin reconocerme.
-“ La última vez que la vi era solo una niña.”
“ La reconocerías si la encuentras?”
“ Puede ser, aunque quizás haya estado siempre a su lado.”
4 mar 2012
De cartas a un joven poeta
"Pregunta usted si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí. Antes ha preguntado a otros. Lo envía usted a revistas. Los compara con otros poemas, y se intranquiliza cuando ciertas redacciones rechazan sus intentos. Ahora bien (puesto que usted me ha permitido aconsejarle), le ruego que abandone todo esto. Mire usted hacia afuera, y eso, sobre todo, no debería hacerlo ahora. Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Hay solo un único medio, entre en usted. Examine ese fundamento que usted llama escribir; ponga a prueba si extiende sus raíces hasta el lugar más profundo de su corazón; reconozca si se moriría usted si se le privara de escribir. Esto, sobretodo, pregúntese en la hora más silenciosa de su noche: debo escribir?
Excave en sí mismo, en busca de una respuesta profunda. Y si esta hubiera de ser de asentimiento, si hubiera usted de enfrentarse a esta grave pregunta con un enérgico y sencillo debo entonces construya su vida según esa necesidad: su vida, entrando hasta su hora más y pequeña, debe ser un signo y testimonio de ese impulso . Entonces, aproxímese a la naturaleza. Entonces, intente como el primer hombre, decir lo que ve y lo que experimenta y ama y pierde. No escriba poesías de amor; apártese ante todo de esas formas que son demasiado corrientes y habituales: son las más difíciles, porque hace falta una gran fuerza madura para dar algo propio donde se establecen en las multitudes tradiciones buenas y, en parte, brillantes. Por eso, sálvese de los temas generales y vuélvase a los que ofrece su propia vida cotidiana: describa sus melancolías y deseos, los pensamientos fugaces y la fe en alguna belleza; descríbalo todo con sinceridad interior, tranquila, humilde, y use, para expresarlo, las cosas de su ambiente, las imágenes de sus sueños y los objetos de su recuerdo.
Si su vida cotidiana le parece pobre, no se queje de ella; quéjese de usted mismo, dígase que no es bastante poeta como para conjurar sus riquezas: pues para los creadores no hay pobreza ni lograr pobre e indiferente. Y aunque estuviera usted en una cárcel cuyas paredes no dejaran llegar a sus sentidos ninguno de los rumores del mundo, ¿no seguiría teniendo siempre su infancia, esa riqueza preciosa, regia, el tesoro de los recuerdos? Vuelva ahí su atención. Intente emerger las sumergidas sensaciones de ese ancho pasado; su personalidad se consolidará su soledad se ensanchará y se hará una estancia en penumbra, en que se oye pasar de largo, a lo lejos, el estrépito de los demás. Y si de ese giro hacia adentro, de esa sumersión en el mundo propio brotan versos, no se le ocurra a usted preguntar a nadie si son buenos versos. Tampoco hará intentos de interesar a las revistas por esos trabajos, pues verá en ellos su amada propiedad natural, un trozo y una voz de su vida.
Una obra de arte es buena cuando brota de la necesidad. En esa índole de su origen esta su juicio: no hay otro. Por eso, mi distinguido amigo, no sabría darle más consejo que éste: entrar en sí mismo y examinar las profundidades de que brota su vida: en ese manantial encontrará usted la respuesta a la pregunta de si debe crear"
Cartas a un joven poeta
-Rainer Maria Rilke
Y si piden descripción
Eres una persona de pocos amigos, siempre cayendo antipática ante los demás y ¡vaya penas que sabes hacerme pasar!. Escoges minuciosamente las escasas personas que forman parte de tu mundo e ignoras olímpicamente al resto sin mayor dificultad. Das la vida y entregas tu alma sin pensarlo por los pocos afortunados que seleccionas. Aparentas exigir poco pero en el fondo esperas más de lo que me atrevo a imaginar. Me da miedo deberte tanto.
Eres frágil aunque aparentas fortaleza de gigantes. Coraza humanizada, almeja de emociones. Sé que sientes aunque no lo admitas, sé que quieres llorar, sé que quieres gritar cuando eres feliz, no sé por qué no te atreves a hacerlo, al menos no delante de mí. Te sientes responsable de mi felicidad hasta el absurdo extremo de sacrificar la tuya y entregarla al vacío por completo.
A veces no quiero que me quieras tanto, a veces quiero que aprendas a dejarme ir y por primera vez te dejes ir a ti misma.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
.

















